Mi pasión poética comenzó a los diecisiete años, cuando leí, por casualidad, unos versos de la poeta española Elvira Sastre.
Sueño con vivir una vida tranquila, rodeada de libros, en un mundo con menos prejuicios hacia la alta sensibilidad y la discapacidad.
Hay libros que no se leen, se atraviesan. No somos de cristal de Alaska Infinita es uno de ellos. No porque sea frágil, sino porque duele tocarlo sin sentir algo de lo que ahí se encuentra presente.
Este poemario no pide permiso ni ofrece consuelo fácil. Se abre como una herida honesta y nos recuerda que escribir, muchas veces, no es sanar, sino sobrevivir.
Ignacio Quezada,
periodista encargado de Siminforma Chile